Etiquetas, NO GRACIAS.

¿Qué manía es esta ahora de etiquetar a los niños y colgarles el cartelito de “este niño es….”?

¿Qué nos pasa a los profesionales de hoy día que si no le hacemos un diagnóstico a un niño parece que no hacemos nada, o que nuestro trabajo no es suficiente?

Oye mira, pues no, yo no estoy de acuerdo….a mi no me pillan en esta tendencia. Me niego en rotundo a catalogar a un niño de esto, o lo otro, o lo de más allá, porque simplemente tenga unos rasgos de personalidad, o porque tenga una época en la que está más activo, rebelde, callado o llorón. Me niego a encasillar a un niño, haciéndole creer que no puede ser de otra forma, y que por supuesto, no podrá cambiar. ME NIEGO. Va en contra de mis principios, pero sobretodo creo que nos perjudica como profesionales de la psicología, y nos estigmatiza. Perdonadme la crudeza de mis palabras, pero es que estoy indignada.

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Así es la vida

En la vida, hay veces que deseamos cosas… y las conseguimos.

Pero también hay veces que, por más que persigamos algo con todas nuestras fuerzas o incluso lo necesitemos muchísimo, no hay forma de conseguirlo.

Así es la vida.

Así comienza el cuento que os quiero recomendar hoy, Así es la vida, de Ana-Luisa Ramírez y Carmen Ramírez de la editorial Diálogo. Cuando este libro infantil llego a mis manos, enseguida me dí cuenta que sería mi compañero de viaje en muchas clases, talleres y momentos especiales. Sus ilustraciones, junto a su contenido hacen que los disfrutes página a página. Sencillo pero intenso.

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¿Tiene dificultades tu hij@ para relacionarse con los demás niños?

Quizás te encuentres en la situación que a continuación te voy a describir. Entonces, probablemente seas el lector ideal de este post. Si no, podrás compartirla con aquella persona en la que ahora estás pensando mientras lees.

Andrea, quieres ir un rato a jugar con tus amigos? No, ahora no me apetece, mamá. Prefiero estar en casa.

La misma pregunta y la misma respuesta se repiten día tras día, una y otra vez. Cada vez aparecen excusas más estrambóticas y a la vez, sin sentido…, para que las diga un niño de 8 años. Evita una y otra vez el contacto con sus iguales, rechaza estar a solas con ellos (sin tu presencia, observándole), es incapaz de jugar con un niño sin que él sea el que dirige la actividad. No quiere ceder durante el juego. No sabe resolver los conflictos con sus compañeros. Prefiere jugar en soledad, antes que acercarse a un grupo y pedirles si puede jugar con ellos. Le aterroriza la idea de enfrentarse a un grupo de niños que no conoce suficiente. Se niega a salir de tu cobijo protector. Si a tu hijo le ocurren algunas de estas situaciones que te describo…..¡OJO!, ¡algo está ocurriendo!

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